Ir al contenido principal

El Padre Almeida (Leyenda de Ecuador)

Se dice que en el Convento de San Diego, vivió hace mucho tiempo un joven sacerdote conocido como el padre Almeida, del cual se sabía que llevaba una vida muy libertina, donde se destacaba su afición a tomar aguardiente y al juego.
El Padre Almeida Leyenda de Ecuador
Todas las noches, tratando de pasar desapercibido, el padre Almeida salía del convento por una ventana que daba hacia la calle, la cual se encontraba ubicada a una gran altura y para poder llegar a ella, tenía que apoyarse en una escultura de Cristo colocada en la pared. 

Se rumora, que cansado de esta situación, el Cristo todas las noches le preguntaba al libertino sacerdote: “Hasta cuando padre Almeida”, a lo que este respondía. “Hasta la vuelta señor”.
Cuando pisaba la calle, el espíritu festivo del joven sacerdote se desataba, tomando demasiado aguardiente hasta que comenzaban a asomarse los primeros rayos del sol del otro día.
Una de esas madrugadas, cuando regresaba al convento caminando tambaleante por las calles de Quito, se encontró con el paso de un cortejo fúnebre. Extrañado por ver la procesión a esa hora, echó una mirada dentro del féretro para saber de quien se trataba, descubriendo su propio cuerpo dentro del ataúd.
Se cuenta que al joven sacerdote se le quitó la borrachera de golpe y porrazo, echó a correr como un loco y nunca más volvió a escaparse del convento para ir a beber aguardiente.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Los Llanganates y el tesoro escondido de Atahualpa

Las 219.707 hectáreas que tiene el parque nacional Llanganates siempre están cubiertas por un velo de misterio que se remonta a la época de la Conquista española en América. Así es el lugar. Un sitio inhóspito para el ser humano pero lleno de historia y con una gran biodiversidad, cuya mayoría de animales está en peligro de extinción. La historia nace en la Conquista española. En 1532, cuando Atahualpa es secuestrado en Cajamarca, él ofreció pagar un cuarto lleno de oro para recuperar su libertad. El encargado de recopilar el metal fue Rumiñahui, quien pagó parte del rescate y al enterarse de la muerte del caudillo inca, escondió el resto. La cumbre más alta tiene 4.571 metros sobre el nivel del mar (msnm), donde existe un cráter que está lleno de agua y es allí donde está el tesoro. La cordillera era una de las vías de comunicación y comercio más antiguos y estratégicos que existieron entre las hoyas interandinas y la Amazonia, como lo demuestran los hallazgos arqueológi...

LA LEYENDA DE PADRE ALMEIDA

En las horas de la noche las calles coloniales de Quito   se llenan de misterio; el tiempo parece retroceder y los faroles proyectan sombras que parecen caballeros   con gruesas capas y damas con velos cómplices de sus furtivas salidas. En uno de mis recorridos nocturnos por Quito en las cercanías del antiguo convento de San Diego, rehabilitado por el municipio, encontré una vieja casona de dos pisos con un aviso que decía: “Hasta la vuelta señor- Fonda Quiteña”. El   nombre   picó mi curiosidad y entré    a uno de esos rincones de   “La Ciudad de las leyendas” donde legiones de golondrinas anidan en los campanarios de las innumerables iglesias. “Hasta la vuelta, Señor…”   es un nombre extraño para un sitio comercial,   pero como muchas frases quiteñas está ligada a un hecho prodigioso que le da sentido, y en esta caso   con el padre Manuel de Almeida y Capilla, el mismo fraile   franciscano autor de los gozos navideños ...

La leyenda de Cantuña

Resumen corto: Esta historia comienza en tiempos coloniales, cuando un indio de Quito promete construir el “Atrio de San Francisco”, pero no tiene tiempo de terminar la construcción y va a ir a la cárcel. Desesperado, él pide ayuda y un hombre vestido de rojo y con una barba le dice: – No tengas miedo, soy Luzbel y vengo a ayudarte. Te ofrezco construir el atrio antes de la salida del sol a cambio de tu alma. – Acepto, dice el indio, pero si falta una piedra no hay trato. Luego de terminar el trato, miles de diablitos salen de la oscuridad y empiezan a trabajar. Cerca de salir el sol, la iglesia está casi lista cuando el indio con mucho miedo reza a Dios y Le pide ayuda. De no ser por una piedra que los diablitos no ponen en el atrio, es así que el indio Cantuña puede salvar su alma.